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VOLVER AL MUNDO REAL DE LA MANO DE LO FEMENINO

Después de esta larga ausencia tengo que confesar que había escuchado muchas historias sobre lo complejo de completar una tesis doctoral. Recuerdo que una amiga comentaba que ella incluso tuvo que organizar una habitación de su casa para encerrarse sola allí a investigar, escribir, dormir… He escuchado otros relatos de la pesadilla en la que se convirtió esa fecha límite a la que parecía no poder llegarse habiendo digerido toda la montaña de libros, papeles, estadísticas, etc. que se han ido acumulando en el camino. Cada quien te da consejos o recomendaciones, pero lo cierto es que hay que vivirlo para comprenderlo. Ahora es que he podido entender a mi amiga, después que tuve que desconectarme del mundo exterior por un tiempo para poder presentar a tiempo un resultado decente de esa investigación tan interrumpida por las mudanzas de Valencia a Madrid, de Madrid a Pamplona; el proceso de volver a comenzar en un nuevo entorno; el tener que trabajar porque la investigación no está financiada; viajes intempestivos, etc.  pero sobre todo por los sucesos más complejos que me ha tocado lidiar en mi vida: el reto de múltiples dimensiones de un cáncer de mama y el asesinato del menor de mis hermanos en la convulsionada Venezuela.

Me costó mucho encontrarle sentido a dedicarme otra vez a mi investigaciónque de pronto se había vuelto intrascendente ante la magnitud de lo que significa simplemente estar vivo, porque precisamente ambos eventos evidenciaban la maravilla del regalo de la vida.  No obstante, en las profundidades de la vulnerabilidad y el duelo siempre hay una luz y una motivación que nos permite salir a flote y reencontrar la fuerza para superar los desafíos. Tener un hijo, el apoyo incondicional de mi esposo, amigos que son como ángeles, el amor de la familia, la espiritualidad, la belleza de un nuevo amanecer o el recocijo de la pintura, las manualidades… son algunos de esos motivos que figuran en mi lista.

Pero en medio de redefiniciones y divagaciones, me sorprendió un día Sigue leyendo