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Liseth y su bici, aprendiendo de la vida.

SAYONARA SANKAKU'', 2008, panting, polystyrene based sculpture


Escuchar en estos días tantas noticias sobre los pueblos de la frontera colombo-venezolana, me han hecho recordar a Liseth, una niña de grandes ojos oscuros a quien contemplaba feliz en su bicicleta color magenta. Tendría para entonces unos 8 años cuando llegó a aquel tranquilo pueblo que convirtió en su patio de juegos.

Desde mi ventana la veía salir presurosa por las mañanas rumbo al colegio, con su uniforme impoluto despidiéndose cariñosamente de su abuelita, y al final de la tarde la veía salir sonriente con su bici a disfrutar con los demás chiquillos del vecindario con quienes se alternaba al volante para patinar un rato. Me encantaba contemplar su radiante alegría que se expresaba no sólo en su sonrisa y el brillo de sus ojos grandes, sino en todo ella.

Algunas veces me la encontraba en la quincalla del Sr. Trincado cuando iba a comprarle alguna cosa a su abuelita, sintiéndose mayor con aquella pequeña responsabilidad. Su claro acento de la capital fue cambiando rápidamente a ese característico del Norte de Santander donde estudiaba. Sin embargo, era claramente cuando iba con su cabellos al viento sobre su bici o cuando se agarraba a la parrilla de la bici mientras Popito conducía y competían con l@s otr@s chic@s que formaban los mismos divertidos pares para terminar pronto en carcajadas.

Un día noté que Liseth había desaparecido del pueblo, y pronto su familia también se fue a otra ciudad. La personalidad de aquella niña hizo que se quedara en mi memoria. La última vez que la vi me comentaba lo mucho que le gustaba la sensación de libertad que le daba la bici y la posibilidad de descubrir el mundo, pero andar en los patines era divertido sobre todo por la velocidad que podía alcanzar y lo mucho que tenía que confiar en quien conducía la bici. Me sorprendió aquel comentario de una niña de 8 años.

Han pasado casi cincuenta años de aquellos días y puedo recordar vivamente la alegría tan singular de Liseth. Estoy segura que conducir su bici le ha enseñado mucho de la vida. En primer lugar el necesario soporte al inicio de cualquier cosa que queramos aprender o emprender, el cuidado de si misma y la protección, la búsqueda y el mantenimiento del equilibrio, el levantarse después de cualquier caída, el buscar ayuda si la caída ha tenido consecuencias un poco más serias, el respeto de las normas de conducción tan parecidas a las de convivencia…

Seguramente preservará la alegría y su amor por la Libertad para escoger sus caminos, y explorar nuevos sin perder el rumbo, sin perder la capacidad de maravillarse y la curiosidad por lo novedoso, sin olvidar sus metas y sus valores. Manteniéndose alerta en el momento presente, encontrando la velocidad adecuada para avanzar en cada momento sin poner en peligro su seguridad o la de las demas personas, y para saber  cuándo frenar e incluso detenerse a recuperar el aliento.

Recuerdo que alguna vez la vi bajarse de la bici a observar si su rueda delantera estaba totalmente derecha e intentar con su poca fuerza de entones tratar de enderezarla, seguro que ahora se preocuparà también por cuidar su bici o su coche y cuidarse a si misma. Qué dicha aprender tantas cosas importantes para la vida disfrutando de su bici, jugando, compartiendo con los amigos, con los abuelos… Confiando en si misma y en su entorno para descubrir una nueva ruta y saludar cada dia con alegría.

Buena suerte Liseth dondequiera que te encuentres, seguro que la vida te habrá llevado lejos.

La foto es de una Escultura de Shintaro Ohata http://yukari-art.jp/jp/exhibition-jp/14786