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De los propósitos a la acción: Siete claves para lograrlos.

Entramos en la segunda quincena de enero y comienzan a ponerse a prueba nuestras estrategias para lograr esos propósitos o resoluciones que nos hemos planteado para el nuevo año. Fresca todavía nuestra motivación, muchos habremos dado unos primeros pasos: inscripciones en gimnasios, dietas, cursos para incorporar un nuevo conocimiento, adquirir una competencia, ahorrar para lograr el coche o la casa de sus sueños, etc.

Un cambio positivo en nuestras vidas siempre es importante y es una aspiración natural de todos los seres humanos. Si eres mujer y aún no te has planteado nada especial o te gustaría InspirArte te invito a revisar los que propuso la periodista Sole Hott para 2018. Son fantásticos!

Sin embargo, el Dr. Joseph Luciani afirma que sólo el 20% de esas bien intencionadas resoluciones se convierten en logros, pues implican un cambio de comportamiento y ello requiere más que la emoción del momento. Por su parte, el Dr. Richard Wiseman considera que en realidad, las personas que logran sus objetivos se limita al 12%, y la clave estaría en el tipo de compromiso que asume cada quien de manera específica.

Reflexionando sobre este tema en el grupo de meditación destacábamos que tal vez la causa del fracaso es la tendencia a ponernos una larga lista de propósitos genéricos o el hecho de que representen un cambio tan grande que nos abruma o require un esfuerzo titánico para lograrlo.

Esto juega en contra nuestra porque, al sentir que hemos fallado en los primeros pasos, nos desanimamos y desistimos en nuestros esfuerzos, sintiéndonos frustrados y minando nuestra autoestima. Lo que no quiere decir que no deberíamos tener grandes aspiraciones. Después de todo, como dice una frase atribuida al padre del pensamiento positivo, Norman Vincent Peale, “Apunta hacia la luna porque aunque falles aterrizarás en las estrellas”.

Y es que no se trata de tener una idea fija e inamovible en un mundo cambiante, sino tener claro lo que vamos a hacer en los próximos meses y abrirnos a la magia de lo que pueden ser los resultados. La energía de soñar con resultados mejores a los alcanzados, de ponernos en acción para lograr nuestras metas nos saca de la inercia, nos permite una actualización personal, nos lleva a establecer contacto con otras personas, colaboraciones, y nuestro entorno va cambiando, se van generando nuevas oportunidades, vamos haciendo que emerjan soluciones y posibilidades insospechadas.

Existiendo un abundante caudal de recomendaciones de parte de los expertos que podemos aprovechar y adaptarlas a nuestras circunstancias para tener éxito, mejor ponernos en acción sin dilaciones ni titubeos porque el tiempo no da tregua y las distracciones son muchas 😉

Vamos a centrarnos entonces en las claves:

Primera: Los propósitos nos sirven de guía, imprimen direccionalidad a nuestras acciones. Es importante plantearnos propósitos específicos y los pasos que vamos a dar para lograrlo, de manera que se hagan manejables. Quienes construyen un edificio, primero seleccionan un terreno y realizan las gestiones previas, comienzan con los cimientos, después erigen la estructura, llevan a cabo los trabajos de fontanería, electricidad y otras instalaciones, colocan techos,y así sucesivamente.

Es decir, un gran objetivo lo dividimos en tareas específicas . Una fórmula sencilla es preguntarnos cómo vamos a lograr nuestros propósitos, así podemos hacer ir desarrollando una planificación adecuada e identificando lo que necesitamos.

También podemos tratar de dividir nuestro propósito en etapas: Si nuestro propósito es llevar una vida más activa, es preferible que nos pongamos como meta que cada día vamos a caminar 15 minutos durante el primer mes e incrementar progresivamente el tiempo, ir tres veces a la semana al gimnasio media hora, o comenzar por hacer un par de asanas de yoga e ir incrementando y construyendo el hábito.

Segunda: Si nos organizamos en torno a nuestros objetivos es probable que ahorremos mucha energía y evitemos en cierta medida la postergación o procrastrinación. Si queremos pintar pero cada vez que vamos a hacerlo tenemos que buscar el caballete en un depósito y las pinturas, pinceles y otros materiales necesarios están dispersos o en una caja que guardamos en el último rincón del armario, seguro que no pintaremos con frecuencia. Si en cambio tenemos a mano las herrramientas de trabajo se hace más fácil al menos dar unos trazos, hacer un boceto, rectificar la perspectiva… La práctica de dedicar 15 minutos al día para organizar el espacio también es muy útil. No se trata de plantearnos una reorganización absoluta para la que nunca tenemos tiempo sino integrar como una costumbre el mantener el ambiente despejado y cálido, listo para cuando vayamos a dedicarnos a las actividades o metas que nos hemos planteado.

Tercera: Es fundamental asignar un tiempo a nuestros objetivos  y  respetar ese compromiso. Tal vez eso suponga eliminar otra actividad para crear el tiempo,  de lo contrario nunca los llevaremos a cabo. Quizás para crear tiempo para caminar o ir al gimnasio tengamos que reducir el tiempo de redes sociales, tele, o intentar ser más eficientes en las tareas del día a día. Evidentemente ello implica un compromiso personal para dedicarnos ese tiempo a nosotr@s mism@s.

Por eso una de las sugerencias en la que coinciden varias voces expertas es no responder mails o mensajes en redes sociales a primera hora sino priorizar nuestros objetivos del día, centrarnos primero en nuestros objetivos. Eso nos saca de la reactividad y nos lleva a la creatividad. Lo que en este caso quiere decir, esa capacidad de crear y desarrollar nuestro potencial en vez de reaccionar a lo que los demás quieren o necesitan de nosotros.

Cuarta: En todo proyecto se van evaluando constantemente las metas, el tiempo y el dinero que vamos invirtiendo en el mismo, los gastos, el valor que vamos generando en términos materiales y emocionales. Mi personalidad creativa no está muy inclinada a los temas financieros y contables, pero estoy decidida a poner mucha más atención a este aspecto porque una buena gestión de las finanzas personales  permite hacer los ajustes necesarios para lograr nuestras metas.  

Total el dinero es energía, resultado de un proceso creativo que se valora y facilita el intercambio. Es un medio, no un objetivo en si mismo. Además, lo podemos asignar a distintos objetivos de acuerdo a nuestras prioridades. También se relaciona con el agradecimiento y la responsabilidad por administrar adecuadamente  los recursos que tenemos. Agradecer es valorar lo que nos ha permitido llegar hasta donde estamos, lo que tenemos en el momento presente y la capacidad de crear aún más en armonía con el planeta, con el universo.

Quinta: Lo esencial es nuestro compromiso, motivación, confianza y disciplina. El o la artista no está separad@ de su obra. Así que, además de saber lo que queremos pintar, los materiales que vamos a usar y darnos el tiempo para hacerlo, nosotr@s  mism@s como ejecutor@s necesitamos poder desarrollar nuestra tarea con constancia y excelencia.

En ese sentido, las prioridades tienen que estar claras y nuestra propia salud es una de ellas. Sin salud todo lo demás no tiene sentido. Nuestros objetivos tienen que partir de lo que es realmente importante para nosotros, sólidamente enraizados en lo profundo de nuestro ser para que puedan soportar las distracciones, las resistencias, los días grises, los embates de las dificultades que se puedan presentar en el camino.

Para que no busquemos excusas o nos engañemos a nosotros mismos. En síntesis, organizar nuestra vida alrededor de nuestros valores,  prioridades y circunstancias  es fundamental. Nuestro por qué es superior al qué.

Sexta: Hacer un seguimiento de las tareas en las que hemos dividido nuestro propósitos o resoluciones permite detectar lo que está funcionando o no, los éxitos y los fallos para poder introducir cambios antes de que sea demasiado tarde. Hay hábitos que pueden limitar nuestro avance y esos tenemos que suplantarlos por otros que nos impulsen hacia lo que realmente deseamos.

Por cierto, es bueno recordar que introducir un nuevo hábito puede tomar al menos tres meses y no 21 días como se pensaba. El progreso, por otra parte, te anima a continuar. Partiendo de lo que ya tenemos, cuidándo y venerando lo que hemos alcanzado hasta el momento, es crucial para orientar los esfuerzos presentes y construir nuestros propios sueños. También es importante, introducir prácticas que nos permitan volver a nuestro centro a pesar de las distracciones. Abrir nuestra mente y nuestro corazón es esencial para dirigir coherentemente nuestras acciones.

Séptima: Nuestras relaciones juegan un rol muy importante en nuestro día a día y si introducimos algún cambio las personas de nuestro entorno más cercano se verán involucradas de una manera u otra. Muchos expertos sugieren que compartir nuestros propósitos con la familia, los amig@s, un/@ coach, un círculo o grupo con quienes podemos hablar de los avances y retos es de gran ayuda para lograr nuestros objetivos. No se trata de someternos a juicio público sino buscar alianzas para dirigirnos hacia nuestra meta, de contarles cómo va nuestro desafío y celebrar juntos los logros.

Pintura de autora desconocida.

En conclusión, tenemos ante nosotros el lienzo en blanco o con unos pocos trazos de lo que será nuestra obra este año. Cada día podemos añadir un poco más de color, un detalle, un cambio de perspectiva…

Recuerdo que mi profesora de pintura me decía que contemplar desde lejos nuestra obra permite tener otra visión de como evoluciona y donde están esos aspectos que deberíamos mejorar, así como también regocijarnos y entusiasmarnos con lo que se va asomando en el lienzo y descubrir nuevas posibilidades.

Evidentemente es un reto, pero desarrollando el músculo de la confianza y la disciplina poco a poco vamos avanzando, disfrutando del proceso en cada momento. Como dice Julia Cameron en El Camino del Artista “Vale Fuerza Creativa, ocupate de la calidad que yo me ocupo de la cantidad.”

Un paso hacia adelante cada día, sabiendo hacia donde nos dirigimos! Y si las circunstancias nos generan ruido, volvamos al silencio interior para recuperar el foco, sin perder de vista que siempre tenemos que abrirnos a nuevas posibilidades, porque tal vez tengamos la sorpresa de que obtener mejores resultados de los esperados.

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La imagen destacada es una pintura de Mary Klump


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¿Y SI LO QUE ESTAMOS POSTERGANDO ES LA OPORTUNIDAD DE SER FELICES ?

El trabajo con mi tesis doctoral me ha vuelto a poner en contacto con la tendencia a postergar, diferir, procrastinar, aplazar cosas importantes que sabemos debemos hacer y que postergar no solucionará, tal vez al contrario, hará más complicado realizarlas… ¿quién no ha caído en eso alguna vez?

Hay quien piensa que se trata de flojera, pero en realidad es mucho más complejo. Hasta un premio Nobel como George Akerlof admite haber caído en ello!!! Y algunos autores destacan que se está volviendo una tendencia social y política, sobre todo en esta época en la que existen tantos estímulos externos, donde se espera que estemos activos en todas las redes, cumplamos todas las responsabilidades personales, familiares, laborales, ciudadanas, etc.

Procrastinar (que por cierto no es un anglicismo sino una palabra que viene del latín procrastinare) no sólo implica postergar tareas pesadas o incómodas de la vida cotidiana, sino que abarca también cosas de mayor peso, involucrando incluso las relaciones personales (no poder terminar con relaciones sentimentales destructivas), postergar un proyecto, una carrera, una conversación importante con el jefe o la pareja, o decisiones que son trascendentales para nuestra vida, nuestros anhelos…

Entre los mecanismos que usamos para no afrontar la tarea figuran: el escape, la distracción, la trivialización e incluso el humor.

procrastinar-shutterstock

En el mejor de los casos hacemos las cosas en el último minuto, cuando ya casi no queda tiempo, lo que genera adicionalmente gran estrés y ansiedad.

Parece que estuviéramos esperando siempre una oportunidad más propicia, y no llega… Y lo peor es que tal vez terminemos haciendo algo mediocre porque no le hemos dedicado suficiente tiempo para hacerlo bien.

Lo que viene a continuación es la frustración o la decepción, arrepentimiento y toda una serie de justificaciones. Somos más efectivos postergando y justificando que enfrentando el reto. En fín un cúmulo de emociones que nos hacen sentir peor.

Hay muchas recomendaciones al respecto. Los expertos apuntan a que se trata de un problema de gestión del tiempo, aunque más allá de eso hay otros factores que pueden estar impulsandonos a diferir nuestras propias necesidades, lo que el alma nos está pidiendo.

Entre las muchas cosas que la procrastinación puede estarnos diciendo de nosotros mismos figuran:

  • Que percibamos la tarea como demasiado grande, compleja, pesada o aburrida.Ciertamente hay personas de una incuestionable capacidad de trabajo que han reconocido sentir pereza ante la perspectiva de un duro reto, como lo señala Amy Gallo en el blog del Harvard Business Review. Algunas tareas cotidianas nos resultan pesadas, incómodas y si tenemos otras cosas que hacer comenzamos con las que más nos gustan, o incluso nos las inventamos, preferimos llenar nuestro tiempo con otras actividades más placenteras o de gratificación inmediata que asumir la que no nos gusta. Según señalan los expertos en la materia las tareas domésticas y rutinarias representan la forma más común de procrastinar, pero tal como lo apunta el psiquiatra Ned Hallowell  posponer las tareas no te libera de ellas, hacerlas si.
  • Razones culturalesen el caso de las mujeres es muy común que las necesidades de toda la familia estén antes que las nuestras en la escala de prioridades; sin embargo, también muchos hombres pueden colocarse en el último lugar en la lista de prioridades por una mal entendida amabilidad, complaciendo a los demás siempre o para ganar aprobación. Otra razón de la que habla la psicóloga argentina Liliana Mizrahi es que ancestralmente la mujer se ha dedicado a apoyar al hombre para que sea exitoso, no para ser ella la exitosa y ello pesa en nuestra conducta actual.
  • Falta de autoestima de lo que no estamos del todo conscientes. Eso nos hace dudar de lo que seremos capaces o genera miedo a no poder controlar el resultado. Postergar puede incluso darnos la excusa perfecta para decir “lo hubiera podido hacer mejor pero no tuve tiempo”. Algunos expertos consideran que ello conduce al victimismo… Piers Steel ha relacionado la postergación crónica con la falta de autoestima y ausencia de una influencia de modelos de conducta positivos en el entorno. El escritor británico canadiense Malcom Gladwell coincide en que el entorno del individuo tiene mucho que ver con la autolimitación, el victimismo, la procrastinación sin que seamos conscientes de ello. Estos casos requieren de apoyo para poder superar mecanismos que se han perpetuado por generaciones.
  • También puede ser exceso de confianza: creemos que seremos capaces de controlar todos los factores que intervienen en el momento en que decidamos actuar, aunque sea a último minuto. Eso le genera una cierta adrenalina a algunas personas  ¿sentirse en el borde del precipicio y salvarse los convierte en héroes?
  • La falta de motivación puede ser otro factor. Es cierto que algunas tareas son aburridas o no ofrecen una recompensa interesante que nos impulse a realizarlas. Sin embargo, necesitamos liberarnos de ellas y la buena noticia es que podemos crear recompensas para motivarnos. La propia sensación que disfrutamos después que una acción está desarrollada puede desencadenar motivación y servir de retro-alimentación para continuar actuando. También podemos ofrecernos algo a cambio si logramos la meta. Otras veces es necesario valorar si es que hemos perdido la motivación por cualquier tarea, o por una en especial. Entonces de lo que se trata es de algo más que procrastinar…
  • Creemos que el éxito es cuestión de suerte o por el contrario no nos lo merecemos. Si consideramos que no tenemos suerte, tal vez no hagamos el esfuerzo necesario para lograr nuestras metas o nos desanimemos al primer obstáculo. En realidad se trata de algo más que de suerte. Puede ser que precisamente de lo que se trate es de perseverar o ver las cosas desde otra perspectiva.
  • Tenemos miedo al fracaso: ese es uno de los aspectos que comúnmente señalan los psicólogos, que se han interesado en abordar este tema por el componente de irracionalidad que entraña. Es probable que lo que estemos evitando es fracasar, pues nuestra autoestima se vería afectada, en vez de considerar que el intentar algo aunque no resulte exitoso siempre implica un aprendizaje.
  • Buscamos la perfección: el afán de hacer las cosas perfectas en vez de lo mejor posible puede también estar conduciendonos a perder oportunidades importantes.
  • Tal vez queremos evitar conflictos o sentirnos mal: ciertamente es bueno respirar antes de reaccionar pero postergar ad infinitum un problema no nos libera de él, al contrario puede incluso empeorar, puede entrañar rabia pasiva.
  • Problemas con la autoridad: en algunos casos el diferir puede implicar una cierta resistencia hacia esa figura de autoridad que puede estar presionándonos para hacer algo o por el contrario nuestra idea de hacer algo que nos place choca con las creencias que esa persona tiene.
  • El síndrome de la mente voladora: nos surgen nuevas ideas con tal rapidez que nos impide darles forma y materializarlas antes de que surja el aburrimiento y la sustituyamos por una idea más atractiva.
pequeño paso

Ahora bien, ¿qué pasaría si hiciéramos lo que en realidad tenemos que hacer? Qué pasaría si alcanzáramos el éxito, si nos enfrentáramos a nuestros miedos y los venciéramos? ¿Qué tal si asumiéramos los riesgos???

Tal vez podríamos fallar, pero también podríamos acertar. ¿Còmo te sentirías tu si cambiaras tu historia de eternas justificaciones por una de logros, aprendizajes, satisfacción?

Afortunadamente podemos cambiar y para ello lo más importante es el compromiso con nosotros mismos, con recuperar el control y permitirnos arriesgar para ser felices, exitosos, sentirnos bien con nosotros mismos.

  • Lo primero es reconocer que incurrimos en el irracional hábito de postergar con la consiguiente necesidad de justificar o a sabiendas de que nos sentiremos peor. Hay varios test en la web para determinarlo pero si lo que has leído hasta ahora te resuena tal vez si.
  • Desvelar las causas: algunas veces podemos llegar solos a definirlo y otras veces necesitaremos ayuda profesional. A mi la práctica de la conciencia plena (Mindfulness) me ha ayudado porque permite observar nuestros pensamientos y acciones durante el día, observar el momento en el que se experimenta la ansiedad y la tensión que rodea la tarea no realizada, apreciar el proceso de elaboración de la justificación. etc. Pero sobre todo porque me permite integrar esa parte de mi, aceptarla, percibir cuando se acerca el impulso de posponer y controlarlo para entonces actuar.
  • Sustituir el debería hacerlo por el puedo, quiero, o voy a hacerlo: muchas veces nos decimos a nosotros mismos que deberíamos hacer algo pero la frase lleva implícito que no que no lo haremos o al menos la posibilidad de aplazarlo. Por ello es importante cambiar el lenguaje, y decir por ejemplo, mañana voy puedo// voy a reservar una hora para hacer ejercicios. ¿Cuál te resulta más efectiva?
  • Buscar una buena motivación. ¿Qué satisfacciones te producirá alcanzar esta meta, realizar esta tarea, lograr un determinado proyecto? Piers Steel señala que la motivación es la clave porque es como si ambas cosas no fueran compatibles. Escribir esa motivación en algún lugar donde podamos verla si se trata de una tarea que se prolonga y recordarla siempre que nos descubramos postergando.
  • Implementar cambios en el uso del tiempo que disipen la ansiedad. Hay muchas recomendaciones para la gestión del tiempo que ciertamente son útiles, como elaborar una lista flexible, realista y priorizada de objetivos. Eso es mejor que un complejo calendario de actividades especificando el uso de cada minuto. Contemplar ratos de descanso  puede incluso motivarnos a terminar más rápido. Es clave controlar la inclusión de tareas que son importantes para los demás personas, y no para nuestros propósitos.
  • Dividir las tareas en pasos permite avanzar progresivamente, disminuir la sensación de intimidación de los grandes retos. Si notamos que estamos bloqueados frente a una tarea que necesitamos hacer, es preciso apreciar las sensaciones que están involucradas, darnos una pausa, salir a respirar aire puro, y volver luego para aplicarnos de nuevo, aunque tal vez usando otro enfoque.
  • Mantenernos centrados: Tenemos que definir claramente nuestras metas y mantener el foco en ello. Para mi los mandalas ayudan mucho en esto porque nos permiten volver al centro siempre, no perdernos en los detalles ni en las cosas accesorias que si bien pueden enriquecer el proyecto tal vez nos distraigan demasiado.
  • Es necesario tener una actitud proactiva y positiva, interesada en aprender sobre lo que hacemos, en experimentar las sensaciones para aprender de este proceso y definir claramente nuestras metas, yendo más allá de lo que queremos hacia lo que aspiramos.
  • Aprovechar el efecto en el cerebro de la aromaterapia: El aceite esencial de pomelo puede incrementar nuestra confianza con un toque de alegría, mientras que el romero actúa como revitalizante y ayuda a la concentración. La música es otra herramienta genial para impulsarte.
  • Darnos una recompensa y reconocer cuando estamos progresando es efectivo. Cada paso merece ser reconocido. Eso restaura la confianza en nosotr@s mism@s.
  • Tal vez podríamos involucrar a un tercero bien sea delegando o comprometiéndonos a no seguir procrastinando. Algunas tareas se pueden delegar, tanto en el hogar como en el trabajo. Tenemos que preguntarnos si estamos postergando cosas porque hemos acumulado una gran cantidad de trabajo. Compartirlo serviría para gestionarlo mejor. Otras veces de lo que se trata es de asumir nuestra tarea con la ayuda de un tercero (familiar, coach, psicólogo, amig@) con quien compartir los avances o las limitaciones confrontadas.
  • Perseverar: es fundamental reconocer que si tenemos una tendencia a postergar cosas importante para nosotros que puede ser de origen epigenético o cultural, el proceso requiera ser compasivo con nosotr@s mism@s hasta librarnos de ese hábito y necesitaremos perseverar para lograr resultados y sentirnos plenos. No hay receta mágina. Eso forma parte de la naturaleza humana. Algunas veces nos tendremos que obligar a hacer algunas cosas porque sabemos que los beneficios que obtendremos bien valen el esfuerzo, y otras veces será necesario buscar una motivación más allá de lo material, utilizarlo como una oportunidad para ejercitar nuestra conciencia plena. Si nada representa un reto interesante o no sentimos pasión por lo que hacemos entonces sería necesario esclarecer qué podríamos hacer para integrar a nuestra vida algo estimulante.

En síntesis, dejar de postergar es un reto complejo y muy actual en el que está implicada no sólo la limpieza de algún armario, la redacción de un informe, o alguna actividad pesada, sino más importante aún, la posibilidad de sentirnos satisfechos o darnos una oportunidad para ser exitoso@s.

Es necesario por tanto ser honestos con nosotros mismo para reconocer qué es lo que estamos aplazando y por qué, para entonces asumir el compromiso de cambio con determinación, creatividad, constancia y mucha amorosa disciplina.