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LA MEDITACIÓN ES MÁS QUE SUS BENEFICIOS

Después de haberme referido a lo que la neurociencia ha venido corroborando en los últimos años respecto a los efectos positivos de la meditación sobre la actividad cerebral y la salud en general, siento la necesidad de destacar algunos aspectos que van más allá de lo físico, porque como bien dice Naomi Humprey en su libro “Meditación: el camino interior” no podemos pretender captar el talento artístico de una bailarina sólo midiendo sus movimientos y cambios musculares. No podemos comprender lo que significa ser un gran atleta, sólo haciendo seguimiento y evaluación de sus reacciones corporales. No podemos apreciar el alcance de la meditación confinándonos sólo a observar el funcionamiento del cerebro. La meditación es mucho más que los efectos sobre la presión arterial, la relajación o la activación de partes específicas del cerebro, aunque ciertamente esto pueda servirnos de estímulo para iniciar, retomar o mantener nuestra práctica según sea el caso. Otros, sin embargo, tienen otras motivaciones igualmente válidas que atañen al ámbito de lo espiritual (no necesariamente religioso).

Claro que es mucho más complejo entrar en este terreno. Se trata de una práctica tan personal y diversa que cada quien describe dependiendo de su propia vivencia, creencia o filosofía, de cuanto integre la práctica en su vida cotidiana y donde trace la línea para definir cuando está meditando y cuando está haciendo las cosas de manera consciente, en el aquí y el ahora, sin cargas  emocionales del pasado o ansiedad por el futuro.  Depende de cuál es nuestro propósito con la meditación. Esto se aprecia claramente en el caso de la Atención Plena o Mindfulness, que forma parte tanto de la meditación que budistas e hinduistas practican hace más de dos mil años, como de otros estilos de meditación, incluso las chamánicas. Mindfulness ha sido definida como una manera de prestar atención de manera intencional pero suave a todo lo que hacemos momento a momento. Sin embargo es preciso distinguir entre la práctica de la meditación sentada, por una parte, y la integración del ser consciente en nuestras actividades cotidianas, por la otra. Mindfulness puede abarcar las sensaciones que genera el aire entrando por nuestras fosas nasales, la reacción de nuestro cuerpo a un sonido, como también el observar la mente con el propósito de apreciar sus divagaciones y la causa del sufrimiento. La práctica de la compasión forma parte igualmente de Mindfulness, lo que se hace por ejemplo repitiendo un deseo de amor y bienestar para toda la humanidad, o para un grupo de personas determinado. Lo interesante es que al desarrollar la capacidad de mantener la auto-observación y la consciencia por más tiempo de lo que lo hacemos usualmente, se puede llevar ese estado a todas los planos de la vida: al trabajo, las relaciones, se puede conducir concientemente, alimentarnos de manera consciente o emprender un negocio desde esa consciencia plena también que incluye los ecosistemas y nuestros semejantes.

En la filosofía Zen se explica que la meditación no es una práctica para entrenar al cerebro sino Sigue leyendo