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Gazing at the stars from within

She was just breathing,

slowly, aiming at achieving relaxation,

letting go of her anxiety…

She has stoped confronting the mind,

Letting it be so, a mind.

Letting it wonder around,

admiring its unrelenting torrent of thoughts.

Whilst, her body had also stoped resisting,

surrendering to that the static posture,

finding pleasure in stillness…

She was just breathing and observing…

contemplating the cyclic nature of breathing,

enjoying the air caressing her nostrils

feeling its temperature,

its constant journey through her body and cells.

Observing the change while nothing had changed

while the most subtle vibrations became evident…

An authentic delight to discover their dance,

inside and even outside her body.

The inner space was not so dark anymore

but profound and with nuances of different colors,

reflecting the glow of an inmense sparkling sky.

She was amaized,

gazing  at the stars which illuminated her shadows,

that soothed the scarces of life,

that showed the brightness of her blessings…

All of the sudden,

the light of the sky became her own light

and stillness was absolute…

Presence became real,

time lost relevance…

Just gratitude and joy could follow up.


Image: Rachel Byler painting.


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El poder transformador de un regalo o un ejercicio de mindfulness navideño

Recuerdo claramente que cuando tenía nueve años acompañé a mi madre a visitar a una amiga que atravesaba por una situación personal compleja. Nos detuvimos previamente en la floristería y mi madre seleccionó unas hermosas rosas amarillas porque, según me explicó, con aquel regalo quería transmitirle alegría y optimismo. Cosa que su amiga comprendió y agradeció profundamente. NardosDurante el regreso a casa pregunté a mi madre si los ramos de nardos y las violetas que constantemente le regalaba mi abuelo a mi abuela también tenían un significado. ¡Claro! – exclamó ella- él quiere transmitirle dulzura con los nardos y honrar su belleza y feminidad con las violetas. Todo lo que regalamos tiene un significado -añadió- y por eso debemos ser cuidadosos, ya que podemos inconscientemente transmitir el mensaje equivocado. Su explicación me pareció convincente, aquello encajaba perfectamente en el trato amoroso que se prodigaban mis abuelos maternos.
Sin embargo, no me imaginaba que tardaría mucho tiempo más en comprender aquella lección que parecía tan sencilla. Durante las navidades de aquel año Sigue leyendo


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VULNERABILIDAD, FORTALEZA Y CREATIVIDAD BROTAN DE LA MISMA FUENTE

Esta semana tuve un encuentro mágico con una mujer de una belleza interior extraordinaria, que desde la primera vez que la vi me pareció un hada. Sólo que esta vez estaba atravesando por un proceso doloroso que la confrontaba con su vulnerabilidad, su esencia femenina, su dolor ancestral, sus miedos. Era imposible no ver retratada allí también mi propia vulnerabilidad y la de la humanidad entera, pero particularmente la femenina; toda la confusión que bulle en nuestro ser cuando lo asumimos como debilidad, dolor o vergüenza por no ser perfectos. La tendencia generalizada es tratar de evitar esas emociones “negativas”, rechazándolas socialmente y endureciéndonos en lo personal.

Sin embargo, como bien dice  Brené Brown, autora de El poder de la vulnerabilidad, ésta no sólo tiene que ver con el miedo, la vergüenza, sentirnos indignos de amor y atención; también es fuente de amor, alegría, creatividad, sentido de pertenencia… Sigue leyendo


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Transitando los ciclos desde la conciencia plena, la gratitud y el compromiso Parte II

Diez de enero, ya pasaron las festividades navideñas, se fueron los reyes, los niños comenzaron el colegio y nosotros retomamos nuestras actividades. Comenzamos un nuevo año lleno de expectativas, deseos, seguramente algunas resoluciones… Confiemos en que vamos a mantener el entusiasmo, la alegría y el compromiso con nosotr@s mism@s para perseverar en eso de vivir nuestros sueños, en dar cada paso con confianza, con determinación, tomando plena conciencia de la base de la que partimos y agradeciendo las bendiciones con las que contamos, decididos a deshacernos de aquellos hábitos o pensamientos que nos desvían de nuestros objetivos, pero al mismo tiempo siendo compasivos con nosotros mismos y con los demás, atendiendo a nuestro cuerpo; y dándonos la oportunidad para recomenzar o renovarnos en cada fase sin tener que esperar a un nuevo año.

Hay quienes prefieren la organización, un plan específico; otros sueñan de manera más libre y lanzan su intensión al Universo y se desligan del resultado. En ambos casos es preciso estar atentos, en el primero para hacer los ajustes necesarios al plan y en el segundo para recibir las señales. Ello no tiene que ver sólo con circunstancias externas sino también con lo que sucede dentro de nosotros mismos. Tomar conciencia de nuestros propios ciclos, por ejemplo, nos permite fluir con mayor naturalidad, comprendiendo que algunas veces nos sentiremos plenamente involucrados y activos con esas resoluciones que nos hemos planteado, esos sueños que aspiramos materializar, mientras en otros momentos necesitaremos tomar las cosas con un ritmo más suave, tomarnos una pausa si es posible, aprovechando esos días para hacer otro tipo de tareas que requieran menos energía física pero más intuición y claridad, o incluso permitirnos revisar nuestras metas.

Lo importante es la intencionalidad que subyace en esos objetivos, la esencia personal que impregna esos sueños que nos guían, la posibilidad real de ser la mejor versión de nosotros mismos, y de lograr cosas que ni siquiera habíamos imaginado. Ello nos retrotrae cada instante al presente: respirando y alimentándonos consciéntemente, manteniendo la ilusión y la sonrisa en el corazón sin esperar que pase la tormenta, agradeciendo lo que tenemos tanto en lo material como en lo relacional, los talentos, la creatividad, la energía, el apoyo de la naturaleza y de toda la red que nos hace recomenzar si nos damos cuenta que algo no funciona, encontrando la bendición en situaciones que se consideran como negativas, colmando de amor cada cosa que hacemos o decimos, respetando a la naturaleza, a los demás seres vivos y a nuestra naturaleza interior también.

larbre-del utero peq

En el caso de las mujeres es un tema que está siendo debatido, investigado y revalorizado desde hace varias décadas mientras en el caso de los hombres se están realizando investigaciones científicas que permitan determinar la causa de las variaciones hormonales en los hombres que algunos consideran igualmente cíclicas. En su libro traducido al español como Momentos Óptimos de la Mujer, Miranda Gray nos invita a aprovechar las potencialidades de nuestro ciclo menstrual para alcanzar nuestros sueños, ser exitosas en el trabajo y crear bienestar de una manera singular, femenina. Sugiere que nuestros planes tomen en cuenta las cualidades que se potencian en las distintas fases por las que atravesamos cada mes, sus implicaciones mentales, físicas y emocionales. Contrariamente a la percepción generalizada de unos días molestos en nuestras vidas- aunque es verdad que puede ser muy doloroso y yo puedo dar fe de ello- son varias las voces que nos advierten sobre la importancia de respetar nuestros ciclos y apreciar sus dones. Incluso desde el mundo científico hay quien comparte esta visión, como es la ginecóloga americana Christiane Northrup .

De lo que se trata pues es de aprovechar esa sabiduría para no quedarnos atrapadas en la planificación ni en las expectativas de los demás, sin desconectarnos del cuerpo y sus necesidades, conociendo cada vez mejor nuestro cuerpo, atendiendo a sus necesidades. Aprovechemos la potenciación de nuestra intuición, del mundo subconsciente de algunos días, las capacidades relacionales, la energía, la creatividad, la expansividad de otras. Incluso si ya no tenemos ciclos, mantenemos una energía femenina de gran potencia que podemos aprovechar. Las bendiciones del útero pueden ayudar a sintonizarnos con esas energías, al contribuir a rescatar nuestro poder interior y mejorar nuestras relaciones. La práctica constante de la meditación ha sido para mi otra de las herramientas clave para adentrarme en ese mundo interior, encontrar la luz y la fuerza creativa, la motivación para crear, y al mismo tiempo saber que hay días en que sólo me apetece contemplarla en la mayor quietud y extasiada en la perfección de la naturaleza que nos despierta cada mañana, que nos permite renovar nuestras células o que cada mes nos prepara para la creación o la renovación. Sin embargo, se pueden utilizar otras herramientas o anclas como las afirmaciones, o las frases que nos colocamos en lugares estratégicos para recordarnos la belleza de cada fase del ciclo. 

Me gusta pensar que cada día representa una nueva oportunidad que podemos vivir desde la actitud del principiante, como se dice en meditación, la inocencia de un niño que acaba de recibir como regalo una serie de plastilinas y está maravillado con los diferentes colores y las infinitas posibilidades de crear que tiene entre sus manos, y sin pensarlo, sencillamente jugando con los colores, explora sus combinaciones, construyendo figuras, mejorándolas luego o cambiándolas, sin que necesariamente se parezca a nada de lo que está conceptualizado, dando libertad a su creatividad, disfrutando siempre, sintiendo, sonriendo, ya después le pondrán un nombre.

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La hermosa imagen de la cabecera es una obra de Louisa Boyd y el arbol del útero en el que se respira esa conexión sagrada a la que me he referido es de Agnés Mateu.


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CUANDO LOS CICLOS TIENEN SABOR A TRADICIÓN

Siendo que la naturaleza no es lineal sino cíclica y que somos parte de ella, sintonizarnos con esos ciclos me parece importante y enriquecedor; aprovechando sus estadios para hacer lo que corresponde a ese momento. Cuando el tránsito por esos ciclos tiene sabor a tradición entonces la cosa toma otro cariz, otra dimensión.

Entre las tradiciones que mantenemos en nuestra familia está la de aprovechar el solsticio de invierno para hacer un balance del año, dar la bienvenida al Espíritu de la Navidad, al triunfo de la luz sobre la oscuridad, y plantearnos los sueños y metas para el próximo año, no sólo a nivel individual sino también lo que deseamos para nuestra familia extendida, los amigos y el mundo del que somos parte. Aprovechamos para reconocer nuestra responsabilidad en las situaciones que hemos atravesado o estamos atravesando, reconocemos nuestra propia sombra como parte de los retos que confrontamos, y damos gracias por las bendiciones recibidas, que son muchas. Parte de nuestro ritual particular incluye sentarnos los tres a reflexionar en voz alta sobre todo ello, y es un momento de sincerarnos, revelador de lo que hemos crecido y de las potencialidades, nos da una oportunidad de tomar conciencia de las enseñanzas que pueden haber llegado en un “envoltorio desagradable”. Lo que cada uno va compartiendo sirve para recordar otros eventos o situaciones que queremos incluir en nuestro propio balance, o entre los compromisos de canalizar nuestra energía hacia el logro de determinadas metas. Muchas veces hemos hecho esto con amigos entrañables pero esta vez fue algo íntimo y emocionante. 2013 fue un año de recuperación de la salud, de grandes aprendizajes, de armonía familiar, de indignación por la situación socio-política de Venezuela, pero también de sentir que he encontrado mi elemento, de una conexión intensa con mi esencia que me genera extraordinaria motivación y creatividad, por todo lo cual me siento infinitamente agradecida. Obviamente el plantearse sueños sin actuar no conduce a nada, por lo que hemos estado posteriormente trabajando en una planificación detallada pero flexible para poder materializar esas aspiraciones. Ello implica no solo hacer sino también ser, vivir cada uno de nuestros sueños.

Este 21 de diciembre fue especial también porque coincidió con una feria artesanal cuya preparación implicó conectarme con las artes tradicionales que las mujeres de mi árbol genealógico han sabido legarme, y añadir un poco de energía jovial para imprimir otro carácter a las creaciones. Esto me sirvió para valorar una vez más esa herencia y agradecerla. Además, en este evento conocí a gente maravillosa, creativa, y con unos corazones de oro! Fue increíble, por ejemplo, escuchar la historia de Maite Sanz, una mujer de leyes y extensa trayectoria profesional que se ha reinventado como artista plástica gracias a una creatividad que es a la vez dulce y alegre. Me emocionó descubrir que en determinadas circunstancias de nuestra vida habíamos hecho la misma reflexión, utilizando incluso las mismas palabras!!!! Hemos apostado por nuestros valores más esenciales y coincidimos en sentirnos felices de haberlo hecho -aún asumiendo los costes que ello acarrea. Maite, ahora tu también Pintas mucho en mi vidaEncontraremos ocasiones para nutrir esta amistad, compartiendo desde el corazón. 

Y es que compartir es el verbo que creo que más se conjuga en esta temporada,sobre todo cuando este tránsito por los ciclos tiene sabor a tradición venezolana. Desde esa conciencia plena de lo que hacemos en el momento presente las raíces cobran una gran significación, nos dan estabilidad, nos permiten que la copa se eleve tranquila y saludablemente, aún en otras tierras y alimentándose de otra savia… Por eso el día de Navidad honramos a nuestros ancestros haciendo hallacas en familia. 

Proceso hallacas2Preparar los ingredientes, cortar, amasar, cocinar el guiso, doblar con cuidado las hojas de plátano para que no les entre agua durante la cocción, amarrar cada hallaca como si fuese un regalo para nuestros paladares… Lo he hecho practicando Mindfulness, sintiendo cada sensación al entrar en contacto  con la harina, fundiéndola con el caldo, al lavar los pimientos y cortar la cebolla, al sentir el aroma que me traslada a mi niñez, al percibir la delicadeza de las hojas del cilantro o todo el sol que está atrapado en una pasa. Tomando conciencia del por qué  y cómo se ha ido conformando nuestra manera particular de hacer hallacas, de quién he tomado la forma de extender la masa, los secretos del guiso, el tipo de “adornos” que coloco… He repasado los recuerdos de las abuelas, mi madre, mis tías,…que mezcla de influencias regionales, cuanto amor en la alquímica forma de dar sabor a nuestra cocina tradicional! 

Proceso hallacas

Es un relato que permite a mi hijo -ahora adolescente- apreciar más nuestras tradiciones. Bueno, de hecho se convirtió en un experto en extender la masa, casi como las abuela Matesa o Tula! Por su puesto que todo esto ha sido realizado al compás de la música. Para nosotros no hay hallacas sin los aguinaldos interpretados por Simón Díaz, el Orfeón Universitario, Serenata Guayanesa, el Cuarteto en Nochebuena y, por su puesto, una selección de gaitas zulianas que nos han hecho revivir paisajes y momentos especiales. Nos hemos deleitado con el sabor y los aromas que después conjugamos con otras tradiciones aprendidas en el hermoso devenir nómada de nuestras vidas que en el invierno apetecen, como el vino caliente de los nórdicos, el té con especies al estilo de la India o el pan de jamón con harina integral.

Así llegamos al 31 de diciembre, como empujados por el viento de la fe en que cada día del nuevo año será una oportunidad para ir poniendo una piedrita más en la construcción de nuestros sueños, que como en este mundo en el que todo está interconectado más es un trabajo interior más que exterior, una oportunidad más para vivir desde la gratitud por tantos milagros sencillos de la vida que a veces pasan desapercibidos y en realidad son fantásticos, por cada instante para inspirarnos en la naturaleza y sus ciclos, cambiando, renovándonos, revitalizándonos, despertando de esa fase de otoño a la tenue luz del invierno que se va incrementando paso a paso hasta que llegue la primavera. Al menos esa es la intención. Recibimos las doce campanadas junto a un grupo de amigos a los que sentimos como parte de nuestra familia elegida, aunque sean ellos los que han elegido invitarnos entrar en sus vidas y ahora a compartir en su hogar celebrando la vida, con la alegría de ver a los chicos jugando, bailando… y siguiendo la tradición española, eso sí, acompañada con los mojitos “terapéuticos” de mi marido cubano!!!

El inicio del nuevo año ha coincidido con la Luna nueva y por tanto con nuestra reunión mensual de la luna nueva que evidentemente estuvo signada también por los balances, reflexiones de fin de ciclo e inicio del nuevo desde la conciencia plena, compartiendo experiencias y cánticos hermosos gracias a la hospitalidad y calidez de Eva Bernal. Por un momento fuimos trece mujeres y luego catorce, una coincidencia con el paso del 2013 a 2014 que no pasó desapercibida a Begoña. Ha sido muy hermoso y memorable; la energía que se creó fue muy especial y las sensaciones experiementadas con el canto africano de Marga han sido maravillosas. Sólo nos resta desear que mantengamos nuestro foco de atención, que aprovechemos esas influencias de los astros y los arquetipos de este año para vivir desde la coherencia entre nuestra mente, nuestro corazón y nuestra voluntad de acción; y que mantengamos nuestro compromiso de respetar nuestra naturaleza cíclica para alcanzar las metas que resuenan con nuestros valores más profundos. 


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¿Y SI LO QUE ESTAMOS POSTERGANDO ES LA OPORTUNIDAD DE SER FELICES ?

El trabajo con mi tesis doctoral me ha vuelto a poner en contacto con la tendencia a postergar, diferir, procrastinar, aplazar cosas importantes que sabemos debemos hacer y que postergar no solucionará, tal vez al contrario, hará más complicado realizarlas… ¿quién no ha caído en eso alguna vez?

Hay quien piensa que se trata de flojera, pero en realidad es mucho más complejo. Hasta un premio Nobel como George Akerlof admite haber caído en ello!!! Y algunos autores destacan que se está volviendo una tendencia social y política, sobre todo en esta época en la que existen tantos estímulos externos, donde se espera que estemos activos en todas las redes, cumplamos todas las responsabilidades personales, familiares, laborales, ciudadanas, etc.

Procrastinar (que por cierto no es un anglicismo sino una palabra que viene del latín procrastinare) no sólo implica postergar tareas pesadas o incómodas de la vida cotidiana, sino que abarca también cosas de mayor peso, involucrando incluso las relaciones personales (no poder terminar con relaciones sentimentales destructivas), postergar un proyecto, una carrera, una conversación importante con el jefe o la pareja, o decisiones que son trascendentales para nuestra vida, nuestros anhelos…

Entre los mecanismos que usamos para no afrontar la tarea figuran: el escape, la distracción, la trivialización e incluso el humor.

procrastinar-shutterstock

En el mejor de los casos hacemos las cosas en el último minuto, cuando ya casi no queda tiempo, lo que genera adicionalmente gran estrés y ansiedad.

Parece que estuviéramos esperando siempre una oportunidad más propicia, y no llega… Y lo peor es que tal vez terminemos haciendo algo mediocre porque no le hemos dedicado suficiente tiempo para hacerlo bien.

Lo que viene a continuación es la frustración o la decepción, arrepentimiento y toda una serie de justificaciones. Somos más efectivos postergando y justificando que enfrentando el reto. En fín un cúmulo de emociones que nos hacen sentir peor.

Hay muchas recomendaciones al respecto. Los expertos apuntan a que se trata de un problema de gestión del tiempo, aunque más allá de eso hay otros factores que pueden estar impulsandonos a diferir nuestras propias necesidades, lo que el alma nos está pidiendo.

Entre las muchas cosas que la procrastinación puede estarnos diciendo de nosotros mismos figuran:

  • Que percibamos la tarea como demasiado grande, compleja, pesada o aburrida.Ciertamente hay personas de una incuestionable capacidad de trabajo que han reconocido sentir pereza ante la perspectiva de un duro reto, como lo señala Amy Gallo en el blog del Harvard Business Review. Algunas tareas cotidianas nos resultan pesadas, incómodas y si tenemos otras cosas que hacer comenzamos con las que más nos gustan, o incluso nos las inventamos, preferimos llenar nuestro tiempo con otras actividades más placenteras o de gratificación inmediata que asumir la que no nos gusta. Según señalan los expertos en la materia las tareas domésticas y rutinarias representan la forma más común de procrastinar, pero tal como lo apunta el psiquiatra Ned Hallowell  posponer las tareas no te libera de ellas, hacerlas si.
  • Razones culturalesen el caso de las mujeres es muy común que las necesidades de toda la familia estén antes que las nuestras en la escala de prioridades; sin embargo, también muchos hombres pueden colocarse en el último lugar en la lista de prioridades por una mal entendida amabilidad, complaciendo a los demás siempre o para ganar aprobación. Otra razón de la que habla la psicóloga argentina Liliana Mizrahi es que ancestralmente la mujer se ha dedicado a apoyar al hombre para que sea exitoso, no para ser ella la exitosa y ello pesa en nuestra conducta actual.
  • Falta de autoestima de lo que no estamos del todo conscientes. Eso nos hace dudar de lo que seremos capaces o genera miedo a no poder controlar el resultado. Postergar puede incluso darnos la excusa perfecta para decir “lo hubiera podido hacer mejor pero no tuve tiempo”. Algunos expertos consideran que ello conduce al victimismo… Piers Steel ha relacionado la postergación crónica con la falta de autoestima y ausencia de una influencia de modelos de conducta positivos en el entorno. El escritor británico canadiense Malcom Gladwell coincide en que el entorno del individuo tiene mucho que ver con la autolimitación, el victimismo, la procrastinación sin que seamos conscientes de ello. Estos casos requieren de apoyo para poder superar mecanismos que se han perpetuado por generaciones.
  • También puede ser exceso de confianza: creemos que seremos capaces de controlar todos los factores que intervienen en el momento en que decidamos actuar, aunque sea a último minuto. Eso le genera una cierta adrenalina a algunas personas  ¿sentirse en el borde del precipicio y salvarse los convierte en héroes?
  • La falta de motivación puede ser otro factor. Es cierto que algunas tareas son aburridas o no ofrecen una recompensa interesante que nos impulse a realizarlas. Sin embargo, necesitamos liberarnos de ellas y la buena noticia es que podemos crear recompensas para motivarnos. La propia sensación que disfrutamos después que una acción está desarrollada puede desencadenar motivación y servir de retro-alimentación para continuar actuando. También podemos ofrecernos algo a cambio si logramos la meta. Otras veces es necesario valorar si es que hemos perdido la motivación por cualquier tarea, o por una en especial. Entonces de lo que se trata es de algo más que procrastinar…
  • Creemos que el éxito es cuestión de suerte o por el contrario no nos lo merecemos. Si consideramos que no tenemos suerte, tal vez no hagamos el esfuerzo necesario para lograr nuestras metas o nos desanimemos al primer obstáculo. En realidad se trata de algo más que de suerte. Puede ser que precisamente de lo que se trate es de perseverar o ver las cosas desde otra perspectiva.
  • Tenemos miedo al fracaso: ese es uno de los aspectos que comúnmente señalan los psicólogos, que se han interesado en abordar este tema por el componente de irracionalidad que entraña. Es probable que lo que estemos evitando es fracasar, pues nuestra autoestima se vería afectada, en vez de considerar que el intentar algo aunque no resulte exitoso siempre implica un aprendizaje.
  • Buscamos la perfección: el afán de hacer las cosas perfectas en vez de lo mejor posible puede también estar conduciendonos a perder oportunidades importantes.
  • Tal vez queremos evitar conflictos o sentirnos mal: ciertamente es bueno respirar antes de reaccionar pero postergar ad infinitum un problema no nos libera de él, al contrario puede incluso empeorar, puede entrañar rabia pasiva.
  • Problemas con la autoridad: en algunos casos el diferir puede implicar una cierta resistencia hacia esa figura de autoridad que puede estar presionándonos para hacer algo o por el contrario nuestra idea de hacer algo que nos place choca con las creencias que esa persona tiene.
  • El síndrome de la mente voladora: nos surgen nuevas ideas con tal rapidez que nos impide darles forma y materializarlas antes de que surja el aburrimiento y la sustituyamos por una idea más atractiva.
pequeño paso

Ahora bien, ¿qué pasaría si hiciéramos lo que en realidad tenemos que hacer? Qué pasaría si alcanzáramos el éxito, si nos enfrentáramos a nuestros miedos y los venciéramos? ¿Qué tal si asumiéramos los riesgos???

Tal vez podríamos fallar, pero también podríamos acertar. ¿Còmo te sentirías tu si cambiaras tu historia de eternas justificaciones por una de logros, aprendizajes, satisfacción?

Afortunadamente podemos cambiar y para ello lo más importante es el compromiso con nosotros mismos, con recuperar el control y permitirnos arriesgar para ser felices, exitosos, sentirnos bien con nosotros mismos.

  • Lo primero es reconocer que incurrimos en el irracional hábito de postergar con la consiguiente necesidad de justificar o a sabiendas de que nos sentiremos peor. Hay varios test en la web para determinarlo pero si lo que has leído hasta ahora te resuena tal vez si.
  • Desvelar las causas: algunas veces podemos llegar solos a definirlo y otras veces necesitaremos ayuda profesional. A mi la práctica de la conciencia plena (Mindfulness) me ha ayudado porque permite observar nuestros pensamientos y acciones durante el día, observar el momento en el que se experimenta la ansiedad y la tensión que rodea la tarea no realizada, apreciar el proceso de elaboración de la justificación. etc. Pero sobre todo porque me permite integrar esa parte de mi, aceptarla, percibir cuando se acerca el impulso de posponer y controlarlo para entonces actuar.
  • Sustituir el debería hacerlo por el puedo, quiero, o voy a hacerlo: muchas veces nos decimos a nosotros mismos que deberíamos hacer algo pero la frase lleva implícito que no que no lo haremos o al menos la posibilidad de aplazarlo. Por ello es importante cambiar el lenguaje, y decir por ejemplo, mañana voy puedo// voy a reservar una hora para hacer ejercicios. ¿Cuál te resulta más efectiva?
  • Buscar una buena motivación. ¿Qué satisfacciones te producirá alcanzar esta meta, realizar esta tarea, lograr un determinado proyecto? Piers Steel señala que la motivación es la clave porque es como si ambas cosas no fueran compatibles. Escribir esa motivación en algún lugar donde podamos verla si se trata de una tarea que se prolonga y recordarla siempre que nos descubramos postergando.
  • Implementar cambios en el uso del tiempo que disipen la ansiedad. Hay muchas recomendaciones para la gestión del tiempo que ciertamente son útiles, como elaborar una lista flexible, realista y priorizada de objetivos. Eso es mejor que un complejo calendario de actividades especificando el uso de cada minuto. Contemplar ratos de descanso  puede incluso motivarnos a terminar más rápido. Es clave controlar la inclusión de tareas que son importantes para los demás personas, y no para nuestros propósitos.
  • Dividir las tareas en pasos permite avanzar progresivamente, disminuir la sensación de intimidación de los grandes retos. Si notamos que estamos bloqueados frente a una tarea que necesitamos hacer, es preciso apreciar las sensaciones que están involucradas, darnos una pausa, salir a respirar aire puro, y volver luego para aplicarnos de nuevo, aunque tal vez usando otro enfoque.
  • Mantenernos centrados: Tenemos que definir claramente nuestras metas y mantener el foco en ello. Para mi los mandalas ayudan mucho en esto porque nos permiten volver al centro siempre, no perdernos en los detalles ni en las cosas accesorias que si bien pueden enriquecer el proyecto tal vez nos distraigan demasiado.
  • Es necesario tener una actitud proactiva y positiva, interesada en aprender sobre lo que hacemos, en experimentar las sensaciones para aprender de este proceso y definir claramente nuestras metas, yendo más allá de lo que queremos hacia lo que aspiramos.
  • Aprovechar el efecto en el cerebro de la aromaterapia: El aceite esencial de pomelo puede incrementar nuestra confianza con un toque de alegría, mientras que el romero actúa como revitalizante y ayuda a la concentración. La música es otra herramienta genial para impulsarte.
  • Darnos una recompensa y reconocer cuando estamos progresando es efectivo. Cada paso merece ser reconocido. Eso restaura la confianza en nosotr@s mism@s.
  • Tal vez podríamos involucrar a un tercero bien sea delegando o comprometiéndonos a no seguir procrastinando. Algunas tareas se pueden delegar, tanto en el hogar como en el trabajo. Tenemos que preguntarnos si estamos postergando cosas porque hemos acumulado una gran cantidad de trabajo. Compartirlo serviría para gestionarlo mejor. Otras veces de lo que se trata es de asumir nuestra tarea con la ayuda de un tercero (familiar, coach, psicólogo, amig@) con quien compartir los avances o las limitaciones confrontadas.
  • Perseverar: es fundamental reconocer que si tenemos una tendencia a postergar cosas importante para nosotros que puede ser de origen epigenético o cultural, el proceso requiera ser compasivo con nosotr@s mism@s hasta librarnos de ese hábito y necesitaremos perseverar para lograr resultados y sentirnos plenos. No hay receta mágina. Eso forma parte de la naturaleza humana. Algunas veces nos tendremos que obligar a hacer algunas cosas porque sabemos que los beneficios que obtendremos bien valen el esfuerzo, y otras veces será necesario buscar una motivación más allá de lo material, utilizarlo como una oportunidad para ejercitar nuestra conciencia plena. Si nada representa un reto interesante o no sentimos pasión por lo que hacemos entonces sería necesario esclarecer qué podríamos hacer para integrar a nuestra vida algo estimulante.

En síntesis, dejar de postergar es un reto complejo y muy actual en el que está implicada no sólo la limpieza de algún armario, la redacción de un informe, o alguna actividad pesada, sino más importante aún, la posibilidad de sentirnos satisfechos o darnos una oportunidad para ser exitoso@s.

Es necesario por tanto ser honestos con nosotros mismo para reconocer qué es lo que estamos aplazando y por qué, para entonces asumir el compromiso de cambio con determinación, creatividad, constancia y mucha amorosa disciplina.