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CON-CIENCIA ECOLÓGICA Y ESPIRITUALIDAD

El 5 de junio se celebra el Día Mundial del Ambiente, y este año se ha dedicado especialmente a los pequeños estados insulares por su vulnerabilidad ante la elevación del nivel del mar derivada del cambio climático. Se destaca así la estrecha relación que tenemos los humanos con el medio ambiente la cual se suele subestimar hasta el punto de sacrificar la capacidad de los ecosistemas de reponerse al impacto que le generamos con cada una de nuestras actividades.  Hace más de diez años Naciones Unidas inició un estudio muy importante llamado Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, en el que participaron 1.360 científicos de diversas partes del mundo, poniendo en evidencia el grave deterioro que presentan los ecosistemas y los riesgos que entraña para los humanos el no preservar los equilibrios naturales, el informe incluyó un gráfico muy didáctico de los servicios que nos provee la naturaleza. La verdad es que dependemos de ella para todo, incluso para inspirarnos en su funcionamiento y así resolver algunos de los importantes retos a los que nos enfrentamos hoy en día.

Links btw Ecosystems and Human Well Being

La ciencia viene pues a confirmarnos cosas tan evidentes que nuestros ancestros tenían muy claras y que algunas culturas autóctonas aún transmiten en sus enseñanzas. Ejemplo de ello son las palabras de la Abuela Margarita en esa entrevista que compartí en una entrada anterior. También muchas escuelas espirituales hacen énfasis en esa conexión con la naturaleza. El científico austríaco Fritjof Capra destaca que la ecología y la espiritualidad están conectadas de manera fundamental, porque la conciencia de la ecología profunda  es al final la conciencia espiritual. Ken Wilber por su parte ha abordado en profundidad ese nexo tanto en su libro Sexo, Ecología y Espiritualidad como en una Breve historia de todas las cosas.

La práctica del mindfulness incluye ejercicios que nos lleven a contemplar ese vínculo tan esencial con la naturaleza; tocar la tierra, es uno de ellos. Me encanta este ejercicio porque además de resaltar ese vínculo con los ecosistemas,   también pone énfasis en nuestras raíces, lo que nos lleva a considerar a nuestros ancestros, nuestro lugar en el mundo, las generaciones a las que dejaremos este planeta.  Para ello, nos sentamos directamente sobre la tierra, tocándola con nuestras manos con la inocencia de un niño, dándonos cuenta que en la tierra también están los acuíferos, que de alguna parte de ella brotan los manantiales. Respiramos y sentimos la estabilidad que nos da, y la posibilidad de descargar en ella nuestras emociones. Podemos formar figuras mezclando tierra con agua y darnos cuenta de su maleabilidad, de nuestra capacidad para cambiarla. Podemos reverenciarla colocando nuestra frente directamente sobre ella y culminar conectando con la gratitud de contar con una tierra pródiga en tantos frutos, paisajes, cuevas, montañas…

 


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LA MEDITACIÓN ES MÁS QUE SUS BENEFICIOS

Después de haberme referido a lo que la neurociencia ha venido corroborando en los últimos años respecto a los efectos positivos de la meditación sobre la actividad cerebral y la salud en general, siento la necesidad de destacar algunos aspectos que van más allá de lo físico, porque como bien dice Naomi Humprey en su libro “Meditación: el camino interior” no podemos pretender captar el talento artístico de una bailarina sólo midiendo sus movimientos y cambios musculares. No podemos comprender lo que significa ser un gran atleta, sólo haciendo seguimiento y evaluación de sus reacciones corporales. No podemos apreciar el alcance de la meditación confinándonos sólo a observar el funcionamiento del cerebro. La meditación es mucho más que los efectos sobre la presión arterial, la relajación o la activación de partes específicas del cerebro, aunque ciertamente esto pueda servirnos de estímulo para iniciar, retomar o mantener nuestra práctica según sea el caso. Otros, sin embargo, tienen otras motivaciones igualmente válidas que atañen al ámbito de lo espiritual (no necesariamente religioso).

Claro que es mucho más complejo entrar en este terreno. Se trata de una práctica tan personal y diversa que cada quien describe dependiendo de su propia vivencia, creencia o filosofía, de cuanto integre la práctica en su vida cotidiana y donde trace la línea para definir cuando está meditando y cuando está haciendo las cosas de manera consciente, en el aquí y el ahora, sin cargas  emocionales del pasado o ansiedad por el futuro.  Depende de cuál es nuestro propósito con la meditación. Esto se aprecia claramente en el caso de la Atención Plena o Mindfulness, que forma parte tanto de la meditación que budistas e hinduistas practican hace más de dos mil años, como de otros estilos de meditación, incluso las chamánicas. Mindfulness ha sido definida como una manera de prestar atención de manera intencional pero suave a todo lo que hacemos momento a momento. Sin embargo es preciso distinguir entre la práctica de la meditación sentada, por una parte, y la integración del ser consciente en nuestras actividades cotidianas, por la otra. Mindfulness puede abarcar las sensaciones que genera el aire entrando por nuestras fosas nasales, la reacción de nuestro cuerpo a un sonido, como también el observar la mente con el propósito de apreciar sus divagaciones y la causa del sufrimiento. La práctica de la compasión forma parte igualmente de Mindfulness, lo que se hace por ejemplo repitiendo un deseo de amor y bienestar para toda la humanidad, o para un grupo de personas determinado. Lo interesante es que al desarrollar la capacidad de mantener la auto-observación y la consciencia por más tiempo de lo que lo hacemos usualmente, se puede llevar ese estado a todas los planos de la vida: al trabajo, las relaciones, se puede conducir concientemente, alimentarnos de manera consciente o emprender un negocio desde esa consciencia plena también que incluye los ecosistemas y nuestros semejantes.

En la filosofía Zen se explica que la meditación no es una práctica para entrenar al cerebro sino Sigue leyendo