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MINDFULNESS EN TIEMPOS REVUELTOS

A principios de este año había asumido el reto de escribir en el blog al menos una vez a la semana, y con mucho entusiasmo lo logré el primer mes. Sin embargo, la vida toma rumbos inesperados, unos gratos y otros no. En un en un instante se desata una catástrofe natural, un conflicto, se escapa una vida, se trunca un sueño… confirmándonos que no estamos al mando de nada… Retos inconmensurables ante los que hace falta que hagamos acopio de nuestra mayor fortaleza espiritual, de todas las herramientas a nuestra disposición para superarlos, porque ello redundará en pro de nuestra propia transformación. El poeta y dramaturgo inglés Christopher Fray en “Un sueño de prisioneros” decía “Gracias Dios que nuestro tiempo es ahora, cuando tenemos que hacer frente al mal en todas partes. Nunca nos dejará hasta que demos el salto más trascendental que nuestra alma haya dado jamás. Los asuntos son ahora del tamaño del alma”. Él se refería a la guerra, afirmando que en esos momentos se requerían cualidades más poderosas y sabias como la caridad, la bondad o el pacifismo, en vez de la rabia o conocer de estrategia.

Pero esos asuntos del tamaño del alma generan un caudal de emociones que es importante expresar, reconocer, aceptar y procesar. Tal vez las responsabilidades laborales, familiares o de otro orden nos obliguen a seguir adelante guardando el equipaje de sentimientos; algunas veces por convencionalismos sociales se opta por no demostrar dolor, conmoción, angustia o desasosiego; pero ese espacio y tiempo para ir dentro de nosotros y reconocer lo que sucede en nuestro interior es fundamental porque las emociones no expresadas se alojan en algún lugar de nuestro cuerpo causando más dolor, enfermedades o simplemente esperando hasta que la última gota derrame el vaso y entonces devenir en un tsunami emocional de consecuencias impredecibles.

Por eso después de un mes tratando de centrarme en apoyar a mi cosmic_light_11___Marina Petromadre y mis hermanos en ese tránsito tan difícil que ha supuesto la inusitada partida de mi hermano menor y darle luz para acelerar su tránsito a otras dimensiones, el regreso a casa ha sido como experimentar el reencuentro con mi propio dolor, con la incomprensión de una realidad social que ha derivado en esa alta probabilidad de perder la vida en manos de la delincuencia, como lo hicieron con Daniel,un joven lleno de vida y de sueños en los que además nos involucraba a todos con su cautivante energía, o por el hecho de dejar parte de mi familia en un país que enfrenta en estos momentos una situación muy compleja que ha cobrado la vida de otros tantos jóvenes. El duelo tiene esas cosas, a veces crees que ya has aceptado la realidad y de repente se abre un abismo de nostalgia que nos recuerda que parte de nosotros también se ha ido en esa relación interrumpida.

En esos momentos me consuela saber que los relatos de personas que han experimentado experiencias cercanas a la muerte son muy hermosos y nos hablan de un suave tránsito hacia la luz; y cuando aparece de nuevo la sensación de injusticia o dolor convertido en lágrimas echo mano de la práctica de la conciencia plena, el mindfulness, para verlo de cerca, reconocerlo yexpresarlo, sentir de donde proviene y cómo se disipa. Oxigeno mis pulmones y mis células con chispas de vida, recordando cuan efímera es y la importancia de vivir aquí y ahora. Aprovecho para respirar con olor a rosas y bergamota para que llegue a mi cerebro ese consuelo y estímulo que necesito para retomar mis actividades. Huyo de la victimización y me refugio en la capacidad de transformación que tenemos los humanos, de regeneración, en el amor de mis seres queridos cuyo apoyo ha sido fundamental, reconozco la bendición de contar con tantos buenos amigos que me han expresado su afecto de mil maneras, que me han acompañado.

large_Misty_wisteriaEn el silencio interior me doy cuenta hasta donde llega la aflicción y la disuelvo en el recuerdo de su risa, mientras mis ojos buscan el rayo de sol que se insinúa entre las nubes. Y cuando mi mente se resiste entonces echo mano de mi cuerpo para que me ayude, adopto una postura erguida y me ocupo de las tantas cosas que aún no habían recibido mi atención; plasmo algunos trazos sobre el lienzo… Toma su tiempo reconectar con la fuerza que nos mueve y nos hace asumir una actitud expansiva, positiva. Cada quien tiene su ritmo. La meditación me ha ayudado a adoptar esa actitud receptiva para que la Luz Divina pueda suavemente ir calmando el sufrimiento, tiernamente suturando las heridas, dulcemente penetrando en cada una de nuestras células limpiando la congoja, apreciando los primeros brotes de la primavera, la alegría que deriva de una sonrisa, una reflexión que te aclara el entendimiento o un comportamiento que te llena de esperanzas. Allí ha reposado mi alma muchos días regodeándose en cada detalle, en cada sensación, poniendo toda la atención en cada señal, en cada destello que irradia mi corazón, en el poder que fluye desde dentro y que me inspira la confianza necesaria en que puedo ir dando pasos en el camino hacia mis propios sueños.

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La imagen destacada es de Alasdair Urquhart, mientras que Cosmic Light es una obra de Marina Petro  y Misty Wisteria es de Rachel Mc Naughton.


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¿Y SI LO QUE ESTAMOS POSTERGANDO ES LA OPORTUNIDAD DE SER FELICES ?

El trabajo con mi tesis doctoral me ha vuelto a poner en contacto con la tendencia a postergar, diferir, procrastinar, aplazar cosas importantes que sabemos debemos hacer y que postergar no solucionará, tal vez al contrario, hará más complicado realizarlas… ¿quién no ha caído en eso alguna vez?

Hay quien piensa que se trata de flojera, pero en realidad es mucho más complejo. Hasta un premio Nobel como George Akerlof admite haber caído en ello!!! Y algunos autores destacan que se está volviendo una tendencia social y política, sobre todo en esta época en la que existen tantos estímulos externos, donde se espera que estemos activos en todas las redes, cumplamos todas las responsabilidades personales, familiares, laborales, ciudadanas, etc.

Procrastinar (que por cierto no es un anglicismo sino una palabra que viene del latín procrastinare) no sólo implica postergar tareas pesadas o incómodas de la vida cotidiana, sino que abarca también cosas de mayor peso, involucrando incluso las relaciones personales (no poder terminar con relaciones sentimentales destructivas), postergar un proyecto, una carrera, una conversación importante con el jefe o la pareja, o decisiones que son trascendentales para nuestra vida, nuestros anhelos…

Entre los mecanismos que usamos para no afrontar la tarea figuran: el escape, la distracción, la trivialización e incluso el humor.

procrastinar-shutterstock

En el mejor de los casos hacemos las cosas en el último minuto, cuando ya casi no queda tiempo, lo que genera adicionalmente gran estrés y ansiedad.

Parece que estuviéramos esperando siempre una oportunidad más propicia, y no llega… Y lo peor es que tal vez terminemos haciendo algo mediocre porque no le hemos dedicado suficiente tiempo para hacerlo bien.

Lo que viene a continuación es la frustración o la decepción, arrepentimiento y toda una serie de justificaciones. Somos más efectivos postergando y justificando que enfrentando el reto. En fín un cúmulo de emociones que nos hacen sentir peor.

Hay muchas recomendaciones al respecto. Los expertos apuntan a que se trata de un problema de gestión del tiempo, aunque más allá de eso hay otros factores que pueden estar impulsandonos a diferir nuestras propias necesidades, lo que el alma nos está pidiendo.

Entre las muchas cosas que la procrastinación puede estarnos diciendo de nosotros mismos figuran:

  • Que percibamos la tarea como demasiado grande, compleja, pesada o aburrida.Ciertamente hay personas de una incuestionable capacidad de trabajo que han reconocido sentir pereza ante la perspectiva de un duro reto, como lo señala Amy Gallo en el blog del Harvard Business Review. Algunas tareas cotidianas nos resultan pesadas, incómodas y si tenemos otras cosas que hacer comenzamos con las que más nos gustan, o incluso nos las inventamos, preferimos llenar nuestro tiempo con otras actividades más placenteras o de gratificación inmediata que asumir la que no nos gusta. Según señalan los expertos en la materia las tareas domésticas y rutinarias representan la forma más común de procrastinar, pero tal como lo apunta el psiquiatra Ned Hallowell  posponer las tareas no te libera de ellas, hacerlas si.
  • Razones culturalesen el caso de las mujeres es muy común que las necesidades de toda la familia estén antes que las nuestras en la escala de prioridades; sin embargo, también muchos hombres pueden colocarse en el último lugar en la lista de prioridades por una mal entendida amabilidad, complaciendo a los demás siempre o para ganar aprobación. Otra razón de la que habla la psicóloga argentina Liliana Mizrahi es que ancestralmente la mujer se ha dedicado a apoyar al hombre para que sea exitoso, no para ser ella la exitosa y ello pesa en nuestra conducta actual.
  • Falta de autoestima de lo que no estamos del todo conscientes. Eso nos hace dudar de lo que seremos capaces o genera miedo a no poder controlar el resultado. Postergar puede incluso darnos la excusa perfecta para decir “lo hubiera podido hacer mejor pero no tuve tiempo”. Algunos expertos consideran que ello conduce al victimismo… Piers Steel ha relacionado la postergación crónica con la falta de autoestima y ausencia de una influencia de modelos de conducta positivos en el entorno. El escritor británico canadiense Malcom Gladwell coincide en que el entorno del individuo tiene mucho que ver con la autolimitación, el victimismo, la procrastinación sin que seamos conscientes de ello. Estos casos requieren de apoyo para poder superar mecanismos que se han perpetuado por generaciones.
  • También puede ser exceso de confianza: creemos que seremos capaces de controlar todos los factores que intervienen en el momento en que decidamos actuar, aunque sea a último minuto. Eso le genera una cierta adrenalina a algunas personas  ¿sentirse en el borde del precipicio y salvarse los convierte en héroes?
  • La falta de motivación puede ser otro factor. Es cierto que algunas tareas son aburridas o no ofrecen una recompensa interesante que nos impulse a realizarlas. Sin embargo, necesitamos liberarnos de ellas y la buena noticia es que podemos crear recompensas para motivarnos. La propia sensación que disfrutamos después que una acción está desarrollada puede desencadenar motivación y servir de retro-alimentación para continuar actuando. También podemos ofrecernos algo a cambio si logramos la meta. Otras veces es necesario valorar si es que hemos perdido la motivación por cualquier tarea, o por una en especial. Entonces de lo que se trata es de algo más que procrastinar…
  • Creemos que el éxito es cuestión de suerte o por el contrario no nos lo merecemos. Si consideramos que no tenemos suerte, tal vez no hagamos el esfuerzo necesario para lograr nuestras metas o nos desanimemos al primer obstáculo. En realidad se trata de algo más que de suerte. Puede ser que precisamente de lo que se trate es de perseverar o ver las cosas desde otra perspectiva.
  • Tenemos miedo al fracaso: ese es uno de los aspectos que comúnmente señalan los psicólogos, que se han interesado en abordar este tema por el componente de irracionalidad que entraña. Es probable que lo que estemos evitando es fracasar, pues nuestra autoestima se vería afectada, en vez de considerar que el intentar algo aunque no resulte exitoso siempre implica un aprendizaje.
  • Buscamos la perfección: el afán de hacer las cosas perfectas en vez de lo mejor posible puede también estar conduciendonos a perder oportunidades importantes.
  • Tal vez queremos evitar conflictos o sentirnos mal: ciertamente es bueno respirar antes de reaccionar pero postergar ad infinitum un problema no nos libera de él, al contrario puede incluso empeorar, puede entrañar rabia pasiva.
  • Problemas con la autoridad: en algunos casos el diferir puede implicar una cierta resistencia hacia esa figura de autoridad que puede estar presionándonos para hacer algo o por el contrario nuestra idea de hacer algo que nos place choca con las creencias que esa persona tiene.
  • El síndrome de la mente voladora: nos surgen nuevas ideas con tal rapidez que nos impide darles forma y materializarlas antes de que surja el aburrimiento y la sustituyamos por una idea más atractiva.
pequeño paso

Ahora bien, ¿qué pasaría si hiciéramos lo que en realidad tenemos que hacer? Qué pasaría si alcanzáramos el éxito, si nos enfrentáramos a nuestros miedos y los venciéramos? ¿Qué tal si asumiéramos los riesgos???

Tal vez podríamos fallar, pero también podríamos acertar. ¿Còmo te sentirías tu si cambiaras tu historia de eternas justificaciones por una de logros, aprendizajes, satisfacción?

Afortunadamente podemos cambiar y para ello lo más importante es el compromiso con nosotros mismos, con recuperar el control y permitirnos arriesgar para ser felices, exitosos, sentirnos bien con nosotros mismos.

  • Lo primero es reconocer que incurrimos en el irracional hábito de postergar con la consiguiente necesidad de justificar o a sabiendas de que nos sentiremos peor. Hay varios test en la web para determinarlo pero si lo que has leído hasta ahora te resuena tal vez si.
  • Desvelar las causas: algunas veces podemos llegar solos a definirlo y otras veces necesitaremos ayuda profesional. A mi la práctica de la conciencia plena (Mindfulness) me ha ayudado porque permite observar nuestros pensamientos y acciones durante el día, observar el momento en el que se experimenta la ansiedad y la tensión que rodea la tarea no realizada, apreciar el proceso de elaboración de la justificación. etc. Pero sobre todo porque me permite integrar esa parte de mi, aceptarla, percibir cuando se acerca el impulso de posponer y controlarlo para entonces actuar.
  • Sustituir el debería hacerlo por el puedo, quiero, o voy a hacerlo: muchas veces nos decimos a nosotros mismos que deberíamos hacer algo pero la frase lleva implícito que no que no lo haremos o al menos la posibilidad de aplazarlo. Por ello es importante cambiar el lenguaje, y decir por ejemplo, mañana voy puedo// voy a reservar una hora para hacer ejercicios. ¿Cuál te resulta más efectiva?
  • Buscar una buena motivación. ¿Qué satisfacciones te producirá alcanzar esta meta, realizar esta tarea, lograr un determinado proyecto? Piers Steel señala que la motivación es la clave porque es como si ambas cosas no fueran compatibles. Escribir esa motivación en algún lugar donde podamos verla si se trata de una tarea que se prolonga y recordarla siempre que nos descubramos postergando.
  • Implementar cambios en el uso del tiempo que disipen la ansiedad. Hay muchas recomendaciones para la gestión del tiempo que ciertamente son útiles, como elaborar una lista flexible, realista y priorizada de objetivos. Eso es mejor que un complejo calendario de actividades especificando el uso de cada minuto. Contemplar ratos de descanso  puede incluso motivarnos a terminar más rápido. Es clave controlar la inclusión de tareas que son importantes para los demás personas, y no para nuestros propósitos.
  • Dividir las tareas en pasos permite avanzar progresivamente, disminuir la sensación de intimidación de los grandes retos. Si notamos que estamos bloqueados frente a una tarea que necesitamos hacer, es preciso apreciar las sensaciones que están involucradas, darnos una pausa, salir a respirar aire puro, y volver luego para aplicarnos de nuevo, aunque tal vez usando otro enfoque.
  • Mantenernos centrados: Tenemos que definir claramente nuestras metas y mantener el foco en ello. Para mi los mandalas ayudan mucho en esto porque nos permiten volver al centro siempre, no perdernos en los detalles ni en las cosas accesorias que si bien pueden enriquecer el proyecto tal vez nos distraigan demasiado.
  • Es necesario tener una actitud proactiva y positiva, interesada en aprender sobre lo que hacemos, en experimentar las sensaciones para aprender de este proceso y definir claramente nuestras metas, yendo más allá de lo que queremos hacia lo que aspiramos.
  • Aprovechar el efecto en el cerebro de la aromaterapia: El aceite esencial de pomelo puede incrementar nuestra confianza con un toque de alegría, mientras que el romero actúa como revitalizante y ayuda a la concentración. La música es otra herramienta genial para impulsarte.
  • Darnos una recompensa y reconocer cuando estamos progresando es efectivo. Cada paso merece ser reconocido. Eso restaura la confianza en nosotr@s mism@s.
  • Tal vez podríamos involucrar a un tercero bien sea delegando o comprometiéndonos a no seguir procrastinando. Algunas tareas se pueden delegar, tanto en el hogar como en el trabajo. Tenemos que preguntarnos si estamos postergando cosas porque hemos acumulado una gran cantidad de trabajo. Compartirlo serviría para gestionarlo mejor. Otras veces de lo que se trata es de asumir nuestra tarea con la ayuda de un tercero (familiar, coach, psicólogo, amig@) con quien compartir los avances o las limitaciones confrontadas.
  • Perseverar: es fundamental reconocer que si tenemos una tendencia a postergar cosas importante para nosotros que puede ser de origen epigenético o cultural, el proceso requiera ser compasivo con nosotr@s mism@s hasta librarnos de ese hábito y necesitaremos perseverar para lograr resultados y sentirnos plenos. No hay receta mágina. Eso forma parte de la naturaleza humana. Algunas veces nos tendremos que obligar a hacer algunas cosas porque sabemos que los beneficios que obtendremos bien valen el esfuerzo, y otras veces será necesario buscar una motivación más allá de lo material, utilizarlo como una oportunidad para ejercitar nuestra conciencia plena. Si nada representa un reto interesante o no sentimos pasión por lo que hacemos entonces sería necesario esclarecer qué podríamos hacer para integrar a nuestra vida algo estimulante.

En síntesis, dejar de postergar es un reto complejo y muy actual en el que está implicada no sólo la limpieza de algún armario, la redacción de un informe, o alguna actividad pesada, sino más importante aún, la posibilidad de sentirnos satisfechos o darnos una oportunidad para ser exitoso@s.

Es necesario por tanto ser honestos con nosotros mismo para reconocer qué es lo que estamos aplazando y por qué, para entonces asumir el compromiso de cambio con determinación, creatividad, constancia y mucha amorosa disciplina.


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AROMATERAPIA: UNA MANERA SUTIL DE EQUILIBRAR LOS HEMISFERIOS CEREBRALES Y ESTIMULAR LA CREATIVIDAD

De acuerdo a lo que se conoce hasta ahora sobre el funcionamiento del cerebro humano, la mayoría de las personas usamos más un hemisferio cerebral que el otro. En general se trata del izquierdo porque el sistema educativo predominante ha valorado tradicionalmente más la lógica, las matemáticas, el análisis, la planificación, etc., mientras la percepción de la globalidad, la intuición, la empatía, la imaginación, las emociones, esa parte calificada como más artística, se ha subestimado. Sin embargo, la necesidad de estimular la economía, en un momento en el que las crisis social, económica, ambiental y ética nos reta a encontrar respuestas adecuadas y a la vez diferentes ante el cambio, ha llevado a sugerir todo tipo de medidas para promover la innovación, comenzando por el estimulo a la creatividad. Pero… ¡Oh sorpresa!  Nuestros cerebros no han sido entrenados para tal cosa.  Ello explica las miles de recomendaciones que proliferan al respecto. Una de ellas es estimular el hemisferio derecho, no porque ahora toque suplantar al izquierdo u olvidarse de sus aspectos positivos sino para buscar un equilibrio porque es conjugando sus funciones que podemos ser más creativos, atrevernos a soñar y  materializar esas ideas. Todo en la vida puede hacerse de una manera creativa, lo que añade a la acción una sensación de placer y alegría.

Valerie Ann Wordwood, una de las más reputadas aromaterapeutas a nivel mundial, davinci1señala que Leonardo da Vinci es el clásico ejemplo de alguien que usaba de manera extraordinaria ambas partes de su cerebro, lo que le permitió destacar como un maravilloso artista y a la vez un brillante matemático, arquitecto, ingeniero e inventor de máquinas voladoras e hidráulicas así como submarinos. De allí que se le denomine el hombre completo. Añade también que en occidente son quizás los deportistas quienes han logrado esa integración de ambas partes del cerebro, conjugando disciplina y métodos lógicos con otros motivacionales. Yo añadiría que en los deportes de equipo esto se potencia aún más por el tipo de destrezas que se desarrollan. Siendo madre de un deportista nato he aprendido, me ha tocado testimoniar (tras varios años de entrenamientos de fútbol y desde hace más de seis en el baloncesto) que allí convergen una serie de funciones de diversas partes del cerebro, involucrando también –evidentemente- al corazón! Me refiero por ejemplo el conocimiento técnico y la estrategia, secuencias de jugadas, alerta, mirada global del juego, además de las destrezas físicas mismas, rapidez, agilidad, resistencia física y la pasión por el deporte. ¡Es una mezcla alquímica poderosa!

Un arte milenario. Tanto Wordwood como Patricia Davis o Robert Tisserand,  por nombrar sólo algunos de los más connotados aromaterapeutas, sugieren que el uso de los aceites esenciales contribuye Sigue leyendo