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El adios más dificil, la mayor gratitud

Aunque tantas veces nos hemos despedido y esto es -como dicen-ley de vida, lo natural, un ciclo cumplido, un descanso… decirte adiós en esta ocasión no deja de ser difícil. Prepararme para tu ausencia física ha sido una quimera, aunque sepa que no eres sólo un cuerpo convertido en cenizas sino un alma poderosa y trascendente: la mujer que me trajo al mundo, quien me acogió en su útero y en su corazón, la que me amamantó, la que me enseñó eso del amor incondicional, lo que es luchar por sus hijos, un ejemplo de resiliencia, la amiga sincera, la motivadora en cualquier circunstancia, la memoria histórica de la familia, la valiente para vivir y para morir…

Me va a tomar un tiempo acostumbrarme a esta tu nueva forma de estar presente en mi vida y en la de todos los que te amamos… Por el momento, parece que me hubiera sumido en un espacio de silencio infinito que no quisiera perturbar. Y sin embargo, se agolpan los pensamientos por momentos, el recuerdo de tus planes, tus sueños de ayudar a tanta gente y tantas instituciones, tantas ilusiones, tantas reflexiones… Demasiado ruido para este duelo profundo, para un cordón que se transforma, para un amor que busca esa nueva forma de expresarse, para poner de manifiesto esta inmensa gratitud por darme la vida, por todo lo que hiciste para que me convirtiera en la persona que soy, por todas las lecciones de vida, por todas las aventuras que vivimos juntas, los lugares que descubrimos juntas, por tanto amor…

Adiós mamá. A Dios encomiendo tu alma grande, ese Dios en el que tanta fe has tenido siempre y en cuyos brazos te entregaste sin resistencia al final del camino. Me alivia saberte en paz.  Te imagino estar siendo acompañada en este viaje único hacia la luz por mi abuelita Carmen Elisa, el abuelo Quintero, Daniel… Tal vez hasta Hernán saldrá a tu encuentro, con su proverbial calidez y su “musiua”

Descansa mamá. Todo está bien. Tu fortaleza espiritual nos inspira. Honro tu memoria.

Te amo.